Antes de ver todas las respuestas y de sentarme una tarde a valorar cada una por sí misma y todas en contraste, les echo un vistazo general.
Mi primera impresión es que no tiene mucha importancia lo que haga específicamente en la vida. No existe un destino preestablecido ni una misión concreta que deba cumplir.
La mayoría de respuestas giran en torno a oírme hablar o verme hacer aquellas cosas que me apasionan.
Parece, además, que cuesta mucho responder a las dos últimas preguntas: es difícil imaginar que no haga nada más en mi vida, que yo me parase aquí.
Siempre he dicho que mis logros son interiores y mis objetivos, abstractos. Poco me han importado las metas tangibles porque siempre le he dado una importancia capital a los procesos por los que llego allí y porque una meta es el inicio de una nueva carrera.
No puedo más que sentirme agradecida por todas las personas que han dedicado unos minutos a sentarse y pensar en esas respuestas.
Comentarios
Publicar un comentario