#1. Si tuvieras que escucharme hablando durante dos horas seguidas, ¿sobre qué me querrías oír hablar? ¿Sobre qué te resultaría más interesante?

Decía la pregunta número 1: 
1. Si tuvieras que escucharme hablando durante dos horas seguidas, ¿sobre qué me querrías oír hablar? ¿Sobre qué te resultaría más interesante?

Empiezo por el gran denominador comunes de la primera pregunta. 
Empiezo también por lo bueno, aunque aquí no hay bueno ni malo:

-A nadie le importa de qué hablo: esto, que podría sonar muy mal, es en realidad muy revelador. Lo que importa de los temas de los que hablo no es el tema, sino cómo hablo sobre estos. ¿Cómo en cuánto a qué? 

A) la pasión con la que lo expreso.
No todos, pero la gran mayoría han señalado que cuando hablo sobre ciertos temas lo hago feliz, con pasión y con entusiasmo. Incluso en todos los casos donde no se han mencionado temas específicos, se menciona esto mismo. 

Y de toda respuesta salen nuevas preguntas: ¿Cómo me comunico? ¿De qué está hecho el entusiasmo? 
Y esta pregunta la año yo, porque ahí salto: ¿derrocho energía cuando me comunico con tanto entusiasmo? ¿Debería aprender a gestionar esa energía de otro modo?

B) el dominio del tema y el (buen) criterio, la comunicación de manera inteligente.
Esto último es soprendente, porque lo que hace inteligente comunicarse es para mí la reciprocidad y, en particular, el escuchar. Pero probablemente este pensamiento surge de que, aunque me siento muchísimas veces a escuchar conscientemente, tiendo más al hablar que al escuchar. Escucho más de lo que parece desde fuera porque a veces tengo la sensación de tener claro el guion de la conversación y, en ese esquema conversacional donde veo las ramificaciones, parentésis y paréntesis de los paréntesis, donde parece que me he perdido, todavía estoy ahí, ya no escuchando, sino queriendo escuchar la siguiente idea, porque la anterior, que pudiera parecer que no escuché, ya la tengo asimilada. (Esto es algo que aprendí muy recientemente de mí). Sin embargo (y gigantesco "sin embargo"), ¿es así realmente? ¿Y no convendría más detenerse, dejar más silencios entre medio? 

La cuestión es: ¿cuánto escucho yo realmente

Quienes no señalan el dominio del tema, sí señalan el aprendizaje escuchándome e incluso el generar discusión enriquecedora. Una de las cosas que más me gustan en el mundo es conversar. 

Dicho esto, y teniendo en cuenta que no importa demasiado de qué hablo sino cómo, voy con los temas, porque también son importantes y han salido varios:

Antes de ello, me detengo en una de las respuestas que más me ha gustado a raíz de esta pregunta: que uno de mis objetivos en la vida es el conocimiento. Hemos venido a la vida a servir (y a disfrutar y a amar) y para servir hay que aprender. El conocimiento es, sin duda, uno de mis grandes propósitos, si es que se le puede llamar propósito: conocer, conocer y seguir conociendo. Lo lindo es que no termina nunca. 
De hecho, esto se relaciona con uno de los temas que más han salido: los viajes, con sus anécdotas y sus vicisitudes, con sus peregrinajes, el conocimiento de lo diferente a mí (que deja de ser diferente en cuanto lo experimentas y pasa a formar parte de ti).

Ese sería el tema 1 o el tema estrella. Hay otro tema, como no podía dejar de ser: las palabras, su origen, la lengua en general. No me detengo en ello porque es algo que tengo muy asumido por deformación profesional, aunque dentro del campo suelo hablar de los subtemas que apenas toco ya.

Otros temas: literatura, arte. En realidad, aquí se incluyen todas las manifestaciones culturales (y otras ramificaciones) del ser humano. Me apasiona el ser humano y del ser humano hablo. Lo mío es hablar de la vida y del ser humano, así, como suena. 

Hay un 3r. tema, relacionado con lo que acabo de decir, que me ha impresionado bastante: mis estados interiores, mis percepciones, ambiciones y preocupaciones; mi yo interior, en definitiva. Esto, que yo pensaba que saldría solo de forma individual en las personas con quienes me relaciono más  en esta línea y no, ha salido en más casos de los que me esperaría. Francamente, ¡curioso! Todavía no sé qué pensar al respecto. ¿Abro realmente mi interior? Sí. Sí y no. Bien, esto debería pensarlo un tantito más. 

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